Imaginemos un enorme poliedro de múltiples facetas que, además, está constantemente modificando sus dimensiones. Algo parecido son las organizaciones humanas, por lo que dirigirlas no resulta tarea fácil. Cada cambio en la superficie o en el entramado exigirá al dirigente de un estilo de liderazgo u otro o, incluso, una combinación de ellos.

El dirigente debe adaptar su comportamiento, sus competencias y su estilo de liderazgo a las necesidades de cada momento. Cada perfil predominará según el momento, las circunstancias y las necesidades de la organización. No obstante, la preeminencia coyuntural de uno de los perfiles no debe anular la presencia de los restantes.

Podemos distinguir cuatro estilos de liderazgo: Liderazgo Estratégico, Liderazgo de Desarrollo, Liderazgo Inspirador y Liderazgo Operativo.

El Liderazgo Estratégico tiene su razón de ser en todo aquello que gira en torno a largo plazo, a la visión del futuro. En este sentido tres competencias definirán al dirigente estratégico: desear y ser capaz de captar toda la información que sea sensible para su actividad; identificar en el maremagno informativo las causas, los orígenes y las tendencias de futuro para elaborar modelos de acción; y, por último, ser autocrítico con las conclusiones alcanzadas y asumiendo la crítica por parte de otros. Como dice Maquiavelo previniendo a El Príncipe, “hay que hacer comprender a los sujetos que te rodean que ellos no te ofenden cuando te dicen la verdad”.

El Liderazgo para el Desarrollo lo ejerce la persona que capacita a la empresa para hacer frente a las necesidades futuras. Por eso sus capacidades van más allá de un excelente conocimiento de la información necesaria para el negocio y de los modelos conceptuales que han de regir la marcha futura de la organización. El impulsor del desarrollo es una persona de mentalidad abierta, que debe saber cómo piensan los demás y por qué piensan así. El objetivo de este proceso de análisis es motivar a su equipo para que ejerza sus funciones dentro de ese mismo espíritu de mentalidad abierta.  

La segunda competencia que caracteriza a este tipo de dirigente es la capacidad de impulsar la reflexión común entre disciplinas, logrando que todos los miembros del equipo participen y aporten según su especialización. Por último, y ligado a lo anterior, tiene que estar convencido que el éxito de sus colaboradores será su propio éxito, por eso debe ayudarles a desarrollar sus capacidades.

Cuando hablamos de Liderazgo Inspirador, nos referimos a la necesidad que tienen los equipos humanos de ser estimulados o inspirados para alcanzar los objetivos impuestos. Una competencia clave para este estilo es saber aunar las voluntades, mentalizando a las personas de que el trabajo en común es la única vía para obtener resultados. La segunda competencia es inspirar confianza entre los públicos de la compañía, ya sean accionistas, financieros, proveedores, clientes o la administración. Finalmente, el dirigente tiene que ser un comunicador nato. No vale la ambivalencia, los mensajes tienen que ser transmitidos de forma clara y concisa.

El último estilo, pero no por ello el menos importante, es el Liderazgo Operativo, el que se realiza por y para los resultados. Su ausencia, o deficiencia, provoca la aparición de disfunciones inmediatas en la marcha de las empresas. Lo que caracteriza al dirigente operativo es su obsesión por el rendimiento, que se plasma hasta en los pequeños detalles: plantas industriales limpias; almacenes ordenados; procesos administrativos directos y eficaces; un trato al cliente excelente, etc. Esta actitud permite al líder anticiparse a los problemas proporcionando indicadores avanzados sobre la eficacia y el rendimiento. De la misma forma, el carácter operativo se demuestra a la hora de afrontar los problemas. Cualquier dificultad no constituye una amenaza para él, más bien la entiende como un hecho natural en una organización humana de los se pueden obtener mejoras y mayores compromisos entre las personas. Está acostumbrado a demoler barreras, tanto técnicas como burocráticas, y potenciar las acciones.

En la medida en que un dirigente sea capaz de aunar estos cuatro estilos de liderazgo, potenciando y manejando cada una de las competencias asociadas, el éxito en su gestión estará más próximo.

José María Cuadro

Psicotec

 

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