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Eran cerca de las doce del mediodía, acababa de salir de una reunión con un cliente y me disponía a regresar a la oficina. Esperando el metro, intentaba distraerme leyendo todo lo que se me ponía por delante, desde anuncios de rebajas y publicidad de la Comunidad de Madrid, como incluso las estaciones de la línea 6, tantas veces frecuentada por mí. Cuando ya lo había leído todo, me dirigí hacia las pantallas de televisión que Metro de Madrid tan amablemente nos ha instalado y me dispuse a ver las noticias. Coincidía justo la previsión del tiempo en la región, así que permanecí con los ojos bien abiertos.
-“…durante la mañana apreciaremos pespuntes de nubes…” “…brochazos de sol caracterizarán la jornada del martes…”
¿Pespuntes de nubes? ¿Brochazos de sol?, sin duda, lo primero que pensé es quién diantres escribe los textos de estas noticias. Me atreví a deducir que quizá el redactor estaría especialmente creativo, quizá por el frío y consecuente congelamiento de sus ideas. O por el contrario, habían dejado al becario innovar con el estilo lingüístico de las noticias. En cualquier caso, tanto los “pespuntes” como los “brochazos” me hicieron pensar en la gran importancia de saber utilizar un lenguaje y estilo adecuados a cada contexto y canal de comunicación, pues en función de ello, un mismo mensaje puede valorarse como riguroso y profesional o, por el contrario, como un chiste.
Diariamente estamos expuestos a multitud de mensajes escritos, en mi caso particular, relacionados con currículums, cartas de presentación, e-mails de citaciones para entrevistas… Son formas muy ágiles de conocer y valorar, por lo menos en un primer momento, al candidato, lo que, a su vez, puede convertirse en una vía muy sencilla e inmediata de desestimar candidaturas. No sólo se trata de lucir un innumerable listado de títulos, cursos y calificaciones, ni de enumerar todas las funciones y responsabilidades que en un solo puesto eres capaz de desempeñar. Se trata, además, de saber transmitir, a través del texto, tu nivel de interlocución, tu capacidad de adaptar tu lenguaje en cada momento y, muy especialmente, lograr transmitir una imagen de profesionalidad que, sin darnos cuenta, se puede vislumbrar en tan sólo dos líneas de un papel. Mejor pecar en exceso, en cuanto al grado de formalidad en nuestro estilo, que pasarnos de cercanos y confiados. Mejor utilizar un lenguaje sencillo pero correcto, que por querer demostrar una gran riqueza de vocabulario, utilicemos palabras que no se adecúan al contexto. Es preferible ser concreto y parco en nuestro discurso, que extenderse tanto que al final no se acaba de responder a la pregunta.
Como decía el padre de una amiga mía, aunque a veces suene un poco duro: “así como te vean, te van a tratar”, aunque en este caso me atrevería a decir que “así como te lean, te van a valorar”.
C.Díez








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