Posted in seccion blog - Blog
En el metro, de camino a la oficina, iba leyendo un libro, tratando de cumplir uno de mis propósitos del año: “mejorar mi nivel de inglés”, cuando después de repasar una y otra vez un párrafo del que no lograba entender ni una dichosa frase, levanté la vista para intentar despejar mi mente y comprobar cuántas paradas me quedaban aún. En ese momento, no pude evitar prestar atención a una conversación que estaban manteniendo dos jóvenes a mi lado.
-¿…pero al final lo coges o no?
- ¿Qué dices? ¡Paso! Me dijeron que tendría que dar apoyo al resto del equipo, en plan fotocopias, encargos y todo eso. Además, me pagarían 300 pavos y eso es una mierda… Ya sé cómo van estas cosas, entras de becario y al final haces lo mismo que el resto, o más, y no te lo pagan.
- No sé, tío, la cosa está chunga…
-Sí, pero paso. Hasta que no encuentre nada que me mole de verdad, yo prefiero seguir buscando…
Una vez se bajaron del vagón me quedé pensando. Esa conversación me recordó una vez que estaba entrevistando a un joven para hacer una beca con nosotros y que, cuando ya estábamos finalizando la entrevista, me preguntó si tendría plaza de garaje y si le pagarían la comida. Reconozco que no supe cómo reaccionar, porque estaba entre soltar unas buenas carcajadas o sujetarle por el cuello de la camisa y decirle: “¡espabila, chaval!”, por supuesto, no hice ninguna de las dos cosas, me limité a contestarle que no y a agradecerle el haber venido. No hace tanto tiempo yo también tuve contrato de beca y recuerdo que en aquella época casi nos peleábamos por que nos dejasen trabajar en alguna empresa y aprender. Veíamos que era la mejor manera de poder empezar una carrera profesional y ganar experiencia. Nos daba igual si era sin salario y si nos pagaban el transporte ya era todo un lujo. Tampoco digo que los chavales de ahora tengan que trabajar gratis, por supuesto, pero sí me llama la atención el ver que, aun sabiendo cómo están las cosas, su disposición para empezar de cero es casi nula.
Hace un tiempo leí que sólo en Madrid hay más abogados que en toda Francia. Imagino que no sólo son letrados los que abundan, pues cada año España tiene miles y miles de recién licenciados listos para iniciar su etapa profesional. De ahí que me sorprenda aún más el hecho de que, siendo ellos conscientes de que las cosas, hoy en día, están muy difíciles y que tienen una enorme competencia, proveniente de todas las universidades españolas, además de las extranjeras, sigan preocupándose más por si tendrán plaza de garaje, por si van a tener que fotocopiar documentos o si el salario de un becario no se ajusta a los gastos que tienen. Está claro que o cambian un poco sus prioridades y la perspectiva en cuanto a su carrera profesional, o además de engrosar las listas del INEM, pertenecerán a la generación “ni-ni” durante mucho tiempo.
C. Díez







